EMDR y ACT

La terapia “Desensibilización y reprocesamiento por medio de movimiento ocular” (EMDR por sus iniciales en inglés) irrumpió con fuerza al final de los años 80. Creada por la doctora Francine Shapiro, fue inicialmente presentada como una variante de la desensibilización sistemática creada por Joseph Wolpe, que ya había demostrado su eficacia para tratar trastornos de ansiedad (McNally, 1999).

Shapiro, caminando y recordando situaciones estresantes de su pasado, se dio cuenta de que moviendo los ojos sentía menos malestar y mejoraba su ansiedad. Aplicó esta técnica al trastorno por estrés postraumático y encontró que obtenía resultados positivos en una sola sesión.

Registró su terapia como una marca, de manera que únicamente pueden decir que hacen EMDR los que se han entrenado en sus cursos, que tenían, y creo que tienen, un coste elevado.

Surgieron dos críticas importantes.

  • El alto coste del entrenamiento necesario para emplear la terapia dificulta de forma importante la posibilidad de hacer experimentos que pusieran en duda su eficacia, ya que los profesionales que podrían probar si la terapia tenía éxito o no, habrían invertido una gran cantidad de dinero en aprenderla y no estarían muy inclinados a reconocer que han pagado un alto precio por aprender algo que no sirve para lo que dice. Además, pedían a los alumnos que no compartieran su conocimiento (McNally,1999) Más tarde, Shapiro entrenó gratuitamente a algunas personas que querían investigarla y no tenían formación en EMDR, salvando, hasta cierto punto, este escollo.
  • La segunda crítica parte de que EMDR es una terapia ecléctica que incorpora técnicas que han demostrado su eficacia en otras terapias. De forma muy destacada incluye la exposición en la imaginación, que es fundamental en la terapia cognitivo conductual. Por eso, surge inmediatamente la pregunta: Si la exposición prolongada de la terapia cognitivo conductual es eficaz en el tratamiento del trauma, ¿Qué aporta de forma diferencial EMDR? La respuesta es el movimiento de los ojos y, generalizando, la estimulación simultánea de ambos hemisferios cerebrales (Novo y otros, 2018).

Esta última crítica continúa vigente. Por una parte, los experimentos que se han hecho para comparar la exposición con el movimiento de los ojos, frente a la exposición sin el movimiento de los ojos, han encontrado resultados contradictorios, unos han mostrado que son equivalentes y otros que no. Por otro lado, las comparaciones de la eficacia de la terapia cognitivo conductual aplicada al trastorno por estrés postraumático con EMDR no ha encontrado diferencias significativas (Levey; et al, 2018; Davidson y Parker, 2001).

Por otra parte, los intentos de encontrar una función concreta que aclare qué aporta el movimiento de los ojos a la terapia ha encontrado muchas dificultades. Se han barajado diferentes hipótesis y no se ha llegado todavía a una conclusión definitiva. Se ha rechazado que mejore la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales y también que genere un estado similar al que ocurre en las etapas de sueño REM. Actualmente, se mantiene que es la atención dual el mecanismo causante del efecto distintivo de EMDR (Novo y otros, 2018).

Los críticos con la terapia han resumido esta situación de forma tajante diciendo: “Lo que es efectivo en EMDR no es nuevo, y lo que es nuevo, no es efectivo” (Arkowitz, y Lilienfeld, 2012)

Si nos atenemos a lo que dice sobre el tema la Asociación de la Psicología Americana, en su guía de terapias efectivas para el tratamiento del trastorno por estrés postraumático https://www.apa.org/ptsd-guideline/treatments/index, reconoce a la terapia cognitivo conductual como fuertemente recomendada. Mientras que a la EMDR la recomienda condicionadamente, porque considera que ha demostrado eficacia; pero aún no cumple los criterios para reconocerla como con eficacia fuertemente probada. Sin embargo, hay otras entidades oficiales que sí han reconocido su eficacia y consideran que está fuertemente probada su eficacia en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático (Hamblen y otros, 2019).

El atractivo de EMDR

La controversia existente en los medios académicos no ha impedido que se haya generalizado su empleo, no solo en su aplicación al trastorno por estrés postraumático, sino a todo tipo de trastornos que tienen origen en un trauma o presentan síntomas similares a los del trastorno por estrés postraumático (véase por ejemplo, los que se dan en la pareja que ha sido víctima de una infidelidad y en otros casos en los que se infringe una herida a relaciones vinculares). También trata los trastornos que están asociados a un concepto negativo del yo (Shapiro, 2007, pg 13) y considera los problemas de apego, surgidos en la relación con los padres o cuidadores en la infancia. Lo hace en base a realizar la confluencia de EMDR y la terapia familiar (Shapiro, 2007). De esta forma, ofrece posibilidades de tratar problemas que típicamente han sido dejados en el área de aplicación de terapias dinámicas. Lo que la hace muy atractiva para los profesionales dedicados a la práctica clínica.

Al aplicar la exposición en la imaginación, en su protocolo de tratamiento, según lo describen Novo y otros (2018) se asegura la eficacia que tiene esta técnica. Realiza algunas adiciones a resaltar. Por ejemplo, introduce instrucciones de mindfulness, proponiendo a los pacientes que se sitúen en la perspectiva del observador o realizando el ejercicio clásico de “body scan” asociado a una exposición a sensaciones desagradables. También, cuando el paciente está preparado, le pide que asocie una cognición positiva a la memoria original.

Un paralelismo con ACT

La terapia de aceptación y compromiso (ACT) (Hayes, Strosahl y Wilson, 2014) es una terapia basada en la teoría de los marcos relacionales (RFT), que es una teoría conductual radical (Hayes, Barnes-Holmes y Roche, 2001). ACT es estricta en su adscripción a RFT. Por eso, cualquier incorporación de una herramienta de otra orientación que haya demostrado su eficacia se hace desde su encuadre en esa teoría . Por ejemplo, puede tratar problemas de apego considerando una visión conductual del vínculo que se establece entre los padres y los hijos y que se mantiene en las relaciones de apego a lo largo de la vida (Mansfield y Cordova, 2007) y se puede ver su aplicación en nuestro curso Nuevos Horizontes Terapéuticos con la Terapia de Aceptación y Compromiso

El yo como contexto se considera un proceso básico dentro del modelo del Hexaflex en ACT así como vivir el presente, la aceptación de la emoción y de las sensaciones, la toma de distancia de los pensamientos (defusion), la elección de nuestros valores y nuestro compromiso con ellos (Hayes, Strosahl, Wilson y Gifford, 2004). Con los procesos incluidos en el Hexaflex, se articula la exposición en la imaginación, tal y como se explica práctica y detalladamente en nuestro curso La práctica de la terapia de aceptación y compromiso. ACT introduce un elemento importante en la exposición; en lugar de buscar la reducción de la emoción, su objetivo se dirige a conseguir la flexibilidad psicológica que permite realizar la conducta que lleva en la dirección que marcan los valores elegidos por el paciente en situaciones de alto estrés, planteando que la extinción o habituación a de la ansiedad sea un efecto secundario que no es necesario que se dé (García Higuera, 2006).

En este sentido, se podría considerar que la estimulación dual podría ayudar al paciente a tomar distancia de la emoción vivida en la situación que recuerda y la emoción que está viviendo en la exposición actual. ACT lo realiza a través de la defusion del pensamiento.

Conclusión

EMDR Tiene dos retos pendientes: demostrar que la estimulación dual aporta algo más que la exposición de la terapia cognitivo conductual y elaborar una teoría que se pueda validar experimentalmente determinando qué procesos intervienen en los resultados y qué papel tiene cada uno.

Tiene como atractivo que se aplica a problemas relacionados con el apego u originados en él e incluye en sus protocolos el cambio del concepto de uno mismo.

La terapia de aceptación y compromiso se basa en la teoría de los marcos relacionales, que se desarrolla y prueba también en laboratorio, lo que permite hacer estudios de los procesos que influyen en sus resultados. Entre los procesos incluidos en su modelo de Hexaflex se pueden encontrar todos los elementos que emplea EMDR, incluso el más polémico de ellos, el movimiento de ojos, visto como un proceso de defusion.

Referencias

Arkowitz, H. y Lilienfeld, S. O. ( 2012). EMDR: Taking a Closer Look. Can moving your eyes back and forth help to ease anxiety? Scientific American, August 1. Disponible en internet en https://www.scientificamerican.com/article/emdr-taking-a-closer-look/#. En noviembre 2020.

Davidson, P. R., & Parker, K. C. (2001). Eye movement desensitization and reprocessing (EMDR): a meta-analysis. Journal of consulting and clinical psychology, 69(2), 305–316. https://doi.org/10.1037//0022-006x.69.2.305

Hamblen, J. L., Norman, S. B., Sonis, J. H., Phelps, A. J., Bisson, J. I., Nunes, V. D., ... & Schnurr, P. P. (2019). A guide to guidelines for the treatment of posttraumatic stress disorder in adults: an update. Psychotherapy, 56(3), 359.

Hayes, S. C.. Strosahl, K. D. & Wilson, K. G. (2014). Terapia de Aceptación y Compromiso. Proceso y práctica del cambio consciente (Mindfulness).: Editorial Desclée De Brouwer.Bilbao

Hayes, S. C., Barnes-Holmes, D. & Roche, B. (Eds.) (2001). Relational frame theory: A post-Skinnerian account of human language and cognition. Nueva York: Plenum.

Strosahl, K. D., Hayes, S. C., Wilson, K. G., & Gifford, E. V. (2004). An ACT primer. In A practical guide to acceptance and commitment therapy (pp. 31-58). Springer, Boston, MA.

Lewey, J. H., Smith, C. L., Burcham, B., Saunders, N. L., Elfallal, D., & O'Toole, S. K. (2018). Comparing the Effectiveness of EMDR and TF-CBT for Children and Adolescents: a Meta-Analysis. Journal of child & adolescent trauma, 11(4), 457–472. https://doi.org/10.1007/s40653-018-0212-1

McNally,R.J. (1999). EMDR and Mesmerism: A Comparative Historical Analysis, Journal of Anxiety Disorders Volume 13, Issues1–2,

Mansfield, A. K., & Cordova, J. V. (2007). A Contemporary behavioral perspective on adult intimacy disorders. In D. Woods & J. Kanter (Eds.), Understanding behavior disorders: A contemporary behavioral perspective. Reno, NV: Context Press

Novo, N. P., Landin-Romero, R., Guardiola-Wanden-Berghe, R., Moreno-Alcazar, A., Valiente-Gomez, A., Lupo, W., ... & Amann, B. L. (2018). 25 years of eye movement desensitization and reprocessing (EMDR): the EMDR therapy protocol, hypotheses of its mechanism of action and a systematic review of its efficacy in the treatment of post-traumatic stress disorder. Revista de Psiquiatría y salud mental11(2), 101.

Shapiro, F. (2007). Handbook of EMDR and family therapy processes. John Wiley & Sons, Inc.

Solomon, R. M., & Shapiro, F. (2008). EMDR and the adaptive information processing model potential mechanisms of change. Journal of EMDR practice and Research2(4), 315-325.

 

Diciembre 2020

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