Aplicaciones de la hipnosis: la autohipnosis

Algunos de los tratamientos básicos de la terapia cognitivo conductual, en particular cuando se aplican desde la terapia de aceptación y compromiso, es conveniente considerarlos como un método de autohipnosis. En esta página se explica por qué y como hacerlo.

Aplicaciones de la hipnosis: la autohipnosis

En la terapia hay que conseguir un automatismo en los cambios de conducta que introducimos. El automatismo se consigue a base de la repetición de los cambios que se han realizado; pero la automatización está fuera de nuestro control por su propia definición. En efecto, un proceso automático es aquel que realizamos sin control consciente; si lo queremos controlar conscientemente, ya no es automático. La forma de llegar a automatizar un proceso es la repetición de la conducta. Hay ejemplos que todos hemos vivido: de pequeños hemos aprendido a andar o a guardar el equilibrio, hacerlo conscientemente requiere un esfuerzo considerable. De mayores aprendemos a conducir y muchas veces llegamos a cambiar de marcha automáticamente, sin pensarlo; incluso llegamos al trabajo por el camino habitual sin saber cómo: la repetición es la vía predilecta para la automatización de la conducta.

En la terapia hay que aprender que la puesta en marcha de los procesos automáticos no puede controlarse y por tanto no va a ir al ritmo que a nosotros (terapeuta y paciente) queremos. Por ejemplo, la habituación ocurre fuera de nuestra voluntad, los hábitos tienen fuerza y resurgen una y otra vez. Si no tenemos claro qué es el proceso de automatización, podemos llegar a pensar que la terapia ha fracasado. La paciencia es la virtud que hay que aplicar y hay que tener confianza en los procesos automáticos que están detrás de la consolidación de lo que se va haciendo en la terapia.

Aprender a dejar de intentar el control de lo incontrolable es necesario para el paciente. El paciente tiene que dejar el control; pero no en manos del terapeuta como hipnotizador, sino confiando en sus propios procesos automáticos. En este proceso, la autohipnosis puede ser un referente.

Por ejemplo, cuando hacemos una exposición en la imaginación, el objetivo es el fortalecimiento de la conducta comprometida con nuestros valores y no la extinción de la ansiedad. En consecuencia, aún cuando nos sintamos totalmente tranquilos en el proceso de exposición, hemos de seguir con el proceso para automatizar las respuestas que queremos dar. Se trata de un proceso similar a la autosugestión y es conveniente hacerla siguiendo las reglas de la inducción.

(Septiembre 2007)

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