Aplicaciones de la hipnosis: la autohipnosis

Algunos de los tratamientos básicos de la terapia cognitivo conductual, en particular cuando se aplican desde la terapia de aceptación y compromiso, es conveniente considerarlos como un método de autohipnosis. En esta página se explica por qué y como hacerlo.

Aplicaciones de la hipnosis: la autohipnosis

Muchos de los trastornos psicológicos se deben a conductas automatizadas y, por tanto, inconscientes. Para conseguir un cambio de una conducta automática, es preciso que seamos conscientes de qué estamos haciendo, y qué es lo que la dispara. Las sesiones terapéuticas dan la oportunidad de experimentar el cambio, desde la conducta que causa y mantiene el problema a otra que está en línea con nuestros valores.

Cuando ya se ha experimentado en cambio, no todo está resuelto porque la conducta antigua tiene la fuerza de ser un hábito, porque se ha repetido durante mucho tiempo y se ha automatizado y necesita poca energía y atención para ser ejecutada. Mientras que la nueva conducta necesita toda nuestra atención para poder ejecutarla. Por eso, en momentos en que nuestra energía y nuestra atención bajan, por cansancio, estrés, enfermedad, etc. tenderemos a hacer la conducta que menos esfuerzo nos cuesta y podemos volver a hacer la conducta antigua y lo viviremos como una recaída y una desconfianza hacia la posibilidad de realizar el cambio que nos gustaría.

Hemos experimentado el cambio siguiendo indicaciones y sugerencias del terapeuta. Siguiendo las sugestiones que da el terapeuta, hemos experimentado el cambio. Es el mejor momento para interiorizar y automatizar el proceso de cambio, experimentando muchas veces la experiencia. Podemos hacerlo dándonos nosotros mismos esas órdenes, fortaleciendo la conducta nueva y automatizándola en un proceso de autohipnosis.

Sabemos por la teoría de los marcos relacionales que el pensamiento nos lleva a vivir lo que representa como si estuviera presente. Por eso, cada vez que revivimos una situación problemática, sintiendo las emociones negativas y con los pensamientos que acompañan, y nos damos la orden de cambiar la conducta problema por la que nos conviene más, vivimos la experiencia del cambio como si estuviéramos en ella y así fortalecemos y automatizamos la conducta nueva.

Es un proceso de autohipnosis que nos lleva al automatismo y a disminuir la probabilidad de recaídas.

El automatismo se consigue a base de la repetición de los cambios que se han realizado; pero la automatización no es un proceso de conciencia, de entender y comprender, es un resultado de la repetición. La forma de llegar a automatizar un proceso es su repetición. Hay ejemplos que todos hemos vivido: de pequeños hemos aprendido a andar o a guardar el equilibrio por medio de ensayo y error y con la constancia de ponernos de pie y seguir andando cada vez que nos caíamos. De adultos necesitamos hacerlo conscientemente y requiere un esfuerzo considerable. De mayores aprendemos a conducir y muchas veces llegamos a cambiar de marcha automáticamente, sin pensarlo; incluso llegamos al trabajo por el camino habitual sin saber cómo: la repetición es la vía predilecta para la automatización de la conducta.

En la terapia hay que aprender que la puesta en marcha de los procesos automáticos no puede controlarse y por tanto no va a ir al ritmo que a nosotros (terapeuta y paciente) deseamos. Si no tenemos claro qué es el proceso de automatización, podemos llegar a pensar que la terapia ha fracasado. La paciencia es la virtud que hay que aplicar y hay que tener confianza en los procesos automáticos que están detrás de la consolidación de lo que se va haciendo en la terapia.

Aprender a dejar de intentar el control de lo incontrolable es necesario para el paciente. El paciente tiene que dejar el control; pero no en manos del terapeuta como hipnotizador, sino confiando en sus propios procesos automáticos. En este proceso, la autohipnosis puede ser un referente.

Por ejemplo, cuando hacemos una exposición en la imaginación, el objetivo es el fortalecimiento de la conducta comprometida con nuestros valores y no la extinción de la ansiedad. En consecuencia, aun cuando nos sintamos totalmente tranquilos en el proceso de exposición, hemos de seguir con el proceso para automatizar las respuestas que queremos dar. Se trata de un proceso similar a la autosugestión y es conveniente hacerla siguiendo las reglas de la inducción.

14/5/2020

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