Los traumas y sus efectos psicológicos

En esta página se definen las características de un hecho traumático que puede originar problemas psicológicos en cualquier persona. Entonces, en el lenguaje cotidiano, decimos que la persona ha desarrollado un trauma.

Además de los hechos traumáticos que ponen en peligro la vida, se consideran los abusos o abandonos en la infancia y la violencia de género. Se listan las consecuencias del trauma y los procesos psicológicos por los que se desarrollan los trastornos patológicos.

Su tratamiento lo puedes consultar pinchando aquí

Procesos traumáticos

Qué es un trauma

Siguiendo la línea de McCann y Pearlman (1990), se puede considerar que evento es traumático desde un punto de vista psicológico si es una amenaza o ataque que:

  • Ocurre de pronto, inesperadamente o fuera de toda norma (esto incluye abusos continuados).
  • Excede la capacidad que percibe el individuo para poder manejar la amenaza o el ataque.
  • Perturba los marcos de referencia del individuo y otros esquemas básicos que le sirven para entender y manejarse en el mundo.

Para la OMS, en el CIE-10, el trauma ocurre cuando: La persona ha estado expuesta a un acontecimiento estresante o situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5 (APA, 2013), es más restrictivo ya que considera que para que se dé un trastorno por estrés postraumático es preciso que haya un suceso que implique (criterio A) exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o en forma de amenaza, propias o de alguien muy allegado. Al considerar esto necesario para que haya un trastorno por estrés postraumático, esta definición deja fuera sucesos que pueden ser muy traumáticos y tener efectos devastadores; pero que no se relacionan directamente con situaciones de violencia física o peligro de muerte. Por poner un ejemplo, una infidelidad de la pareja se vive como una traición traumática que tiene efectos parecidos al trastorno por estrés postraumático (ver la página sobre la infidelidad en Psicoterapeutas.com, pinchando aquí). Sin embargo, en la definición del CIE-10 cabría la consideración como hecho traumático de la traición de la pareja en la infidelidad, que puede desencadenar procesos similares a los que se describen en el DSM 5 para definir el trastorno por estrés postraumático.

La ventaja del DSM 5 es que tiene una lista más detallada de las consecuencias del trauma cuando se convierte en un problema psicológico. Así, incluyen (criterio B) que deje secuelas en forma de sueños, recuerdos recurrentes u otras formas de revivir lo ocurrido; (criterio G) que provocan un gran malestar que afecta a la vida laboral o personal. (Criterio C) cuando la persona inicia una estrategia de evitación contra las secuelas intentando eliminarlas, (criterio D) se producen otra serie de problemas emocionales y (criterio E) se produce también una alteración del estado de alerta. (Ver con detalle los criterios que considera el DSM-V pinchando aquí).

Los traumas en la infancia

En la infancia, la supervivencia del niño/a depende de sus cuidadores. Cualquier conducta de abuso o de abandono lo puede vivir como una amenaza a su vida y, por tanto, afectarle traumáticamente. Gilbert et al., (2009) han encontrado que en los países desarrollados se abusa física, sexual o psicológicamente de un importante porcentaje de niñas/niños por parte de sus cuidadores. Estos autores llegan a las siguientes conclusiones:

  • Los maltratos son muchas veces continuos y constituyen una situación crónica para los niños/as.
  • La pobreza de los padres, el bajo nivel educativo y las enfermedades mentales suelen asociarse con el maltrato infantil.
  • El maltrato infantil tiene en las niñas/os efectos duraderos en la salud, problemas con drogas y alcohol, comportamiento sexual de riesgo, obesidad y comportamiento criminal, desde la infancia hasta la edad adulta.
  • El abandono es al menos tan perjudicial como el abuso físico o sexual.

El problema reside en que las conductas que se desarrollan en esas edades quedan automatizadas y se repiten en la edad adulta. Así, se ha visto que en todos nosotros las conductas de apego que se desarrollan en la relación con los cuidadores se repiten en las relaciones de pareja.

Los efectos desfavorables del maltrato y abandono en la regulación emocional de estos niños/as se transfiere también a la edad adulta (Young y Widom, 2014).

Violencia de género

Hay que tener en cuenta que uno de los traumas más frecuentes aparece como consecuencia de la violencia de género: abusos y violaciones, que se dan también en niñas/niños/as y en el ambiente familiar. Muchas veces el abuso pasa desapercibido a los adultos que le rodean y es difícil de detectar incluso en el curso de la terapia.

Hay indicios que señalan que estos traumas son más dañinos que los que se dan en contextos de violencia física sin abuso sexual (Villavicencio y Montalvo, 2011). Quizás sea porque afectan a las relaciones de apego y vínculo adulto.

Procesos psicológicos que un hecho traumático puede desencadenar

Las clasificaciones de la enfermedad mental, como el DSM 5, son descripciones de conductas que aparecen asociadas a los trastornos; pero no dan una explicación de las causas ni de los procesos que subyacen en la aparición de estos problemas psicológicos. El trastorno por estrés postraumático es una excepción, ya que es el único trastorno de ansiedad al que se le reconoce un suceso o situación específicos que lo provocan. La causa es el hecho traumático y, cuando lleva a un trastorno psicológico, las consecuencias son las conductas que describe en los criterios diagnósticos. Sin embargo, no se explican los procesos que unen la causa y el efecto. En este apartado vamos a exponer una serie de procesos que dan cuenta de cómo un trauma puede producir un trastorno por estrés postraumático, lo que nos permitirá arrojar luz sobre cómo tratarlo.

Cada persona sometida a un ataque o amenaza traumáticos reacciona de manera diferente. Así, el 64% no desarrolla un trastorno psicológico considerado como tal (García-Vera y Sanz, 2016). Entonces, ¿cuáles son las circunstancias que han de confluir para que aparezca un trastorno psicológico? En niños/as sometidos a sucesos traumáticos, se han estudiado las características que pueden predecir quienes tienen mayor probabilidad de desarrollar un trastorno por estrés postraumático. Alisic, Jongmans, van Wesel, & Kleber, (2011) han encontrado que la existencia de problemas presentes en momento del hecho son los que mejor lo predicen. Entre ellos destacan la existencia previa de estrés postraumático de corta duración, la depresión, ansiedad, y que los padres tengan estrés postraumático.

Hay estudios (Bardeen, Tull, Stevens, & Gratz, 2015; Orsillo & Batten, 2005) que afirman que uno de los factores que tiene más peso en el desarrollo de un trastorno por estrés postraumático es la evitación experiencial, que se da cuando la persona tiende a eliminar por todos los medios el sufrimiento emocional, esforzándose en evitar recuerdos, sentimientos o pensamientos relacionados con el suceso y también cualquier situación o elemento que los pueda despertar (criterio C del DSM 5). Son estas conductas de evitación las que generan la principal parte del sufrimiento.

Sabemos que los recuerdos de eventos pasados nos evocan reacciones emocionales muy similares a las que provocó el suceso en sí mismo (Purdon, 1999; Wegner, 1994; Hayes, Barnes-Holmes, y Roche, 2001). Si no se evitan esas reacciones y se sigue con la vida normal, su influencia en el bienestar de la persona acabará minimizándose. Sin embargo, cuando se trata de evitar a toda costa el sufrimiento emocional, se lucha contra los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones que recuerdan el hecho traumático. Entonces, el sufrimiento se perpetúa y crece, porque cuanto más queremos echar de nuestra cabeza un pensamiento, más presente está (Hayes, Sthrosal, Wilson, 1999). De esta forma, aparecen efectos como los descritos en el criterio B del DSM 5: recuerdos recurrentes (flashbacks), pesadillas que provocan una gran activación fisiológica, que no mejora con el transcurso del tiempo.

La inutilidad de los esfuerzos que realiza el paciente para controlar el sufrimiento provoca sentimientos de depresión y valoraciones negativas de sí mismo, porque considera que algo no funciona en él porque no puede controlar el sufrimiento. El hecho de que el suceso traumático haya sido inesperado y súbito le lleva a temer que en cualquier momento y cualquier lugar pueda volver a ocurrir. Esto le genera una visión del mundo como un enemigo hostil que puede atacar en cualquier momento (criterio D del DSM 5).

Querer evitar que un suceso inesperado aparezca o se vuelva a repetir obliga a la persona a colocarse en una posición vigilante, completamente alerta. Es un estado de alerta en el que la persona está fijándose, no en lo que ocurre a su alrededor, sino en la posible presencia de lo que quiere evitar que pase. Y esto ocurre, tanto si es objetivamente probable que suceda como si no. Este estado de alerta, fruto de la evitación experiencial, explica las características que se incluyen en el criterio E del DSM 5: hipervigilancia, sobresaltos, problemas de concentración, dificultades para dormir, reacciones ante los demás con un comportamiento irritable, imprudente o autodestructivo, consecuencia de su estado de permanente alerta.

El tratamiento del trauma lo puedes encontrar pinchando aquí

21/11/2016

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