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La emoción es una reacción automática que nos prepara para enfrentarnos a la situación en la que estamos. Desde este punto de vista responde al condicionamiento clásico. En el hombre entra inmediatamente en funcionamiento el pensamiento que las matiza y modela.
Schachter y Singer administraron a un grupo de individuos adrenalina, que produce una activación autonómica, aumento del ritmo cardíaco y de la tensión arterial. Después colocaban cada sujeto del experimento en uno de dos ambientes diferentes. En uno de ellos había personas preparadas simulaban alegría exagerada y en el otro fingían un gran enfado. Además, a la mitad de los sujetos del experimento se les informaba de que se les había puesto una sustancia que les causaría los efectos fisiológicos que son de esperar de una inyección de adrenalina, a la otra mitad no se les dio ninguna información. Los individuos que habían sido informados de los posibles efectos de la inyección no indicaron estar particularmente contentos o enfadados y lo demostraron con su comportamiento. Según la interpretación de los experimentadores, atribuían su activación fisiológica a los efectos de la sustancia, mientras los individuos que no sabían nada sobre los efectos de ésta, notaron su activación, intentaron encontrar una explicación y concluyeron que debería estar causada por una emoción. Al buscar una emoción “disponible”, encontraron en la conducta de los que estaban a su lado la explicación y ajustaron su conducta y su emoción a ello. La siguiente imagen muestra un resumen de este experimento:

Aunque investigadores posteriores no han apoyado por completo la teoría de Schachter y Singer, sí han confirmado algunos aspectos. Por ejemplo, parece seguro que el incremento de la activación (que puede producir la inyección de una sustancia como la adrenalina, el ejercicio físico o hallarse en una situación que produce miedo) puede intensificar una emoción que ya existe (Reisenzein, 1983).
Se ha encontrado considerable apoyo a las conclusiones de Schachter y Singer sobre el aumento de las reacciones emocionales cuando se experimentan aumentos en la activación que no se pueden atribuir a ninguna otra fuente. Un experimento que puede resultar clarificador es el siguiente: una atractiva experimentadora se sitúa en el extremo de un puente de piedra. Un grupo de varones cruza el puente y la experimentadora les hace una entrevista. Se evalúa lo atractiva que ha resultado la experimentadora a los sujetos del grupo. Otro grupo equivalente de varones cruza un puente colgante, con apariencia de mayor peligro, con lo que su excitación de los sujetos al llegar al otro extremo y hacer la entrevista con la experimentadora es mucho mayor. La evaluación del atractivo de la experimentadora es significativamente mayor en este caso. La explicación reside en que la excitación que han sentido los sujetos al pasar por el puente colgante ha sido interpretada por ellos como producida por las características de la experimentadora y no por el peligro que han sentido atravesando el puente.
En cambio, la investigación posterior no ha apoyado su conclusión de una disminución de los niveles de activación conduzca automáticamente a una reducción de la intensidad emocional (Reisenzein, 1983). En otras palabras, la activación puede aumentar la intensidad de la emoción, pero no la causa necesariamente.
De las teorías de la emoción se puede deducir que:
El miedo es una respuesta automática de nuestro cuerpo para prepararnos para la lucha o para la huida ante una amenaza o un peligro.
Cuando tenemos que huir de algo que nos amenaza o luchar contra algo que nos ataca, necesitamos respuestas potentes e inmediatas. Es entonces cuando el miedo nos ayuda, surge como respuesta automática para prepararnos a la acción; nos dispone para una huida rápida y efectiva; la ira nos prepara para el ataque demoledor.
Se distingue entre miedo y ansiedad. El miedo surge como una reacción automática ante una amenaza o peligro y la ansiedad aparece inmediatamente después cuando entra en funcionamiento nuestro pensamiento. El miedo responde al condicionamiento clásico y es inmediato. En la ansiedad interviene el pensamiento que nos prepara para lo que va a ocurrir en el futuro.
Cuando la ansiedad nos ayuda a enfrentar y resolver problemas reales y concretos, la ansiedad es una emoción sana. Podemos decir que se produce un trastorno de ansiedad cuando la reacción que tenemos no tiene una función eficaz, es decir, no nos ayuda a evitar o huir del estímulo aversivo que la ha provocado o realmente no nos interesaría huir de él.
Se consideran procesos cognitivos fundamentales en los trastornos de ansiedad la preocupación patológica y la aprensión ansiosa.
La preocupación patológica consiste en predicciones catastróficas de sucesos futuros con baja probabilidad y la elaboración de planes para evitarlos, pero de forma poco eficiente, con sesgo en la elección de la información que sobreestima la probabilidad del riesgo.
La preocupación salta de un miedo a otro y puede llevar a la metapreocupación, es decir, preocupación por estar preocupado. Está asociada a la creencia de que la preocupación es incontrolable y puede volver loco al que la sufre y/o que sentirse tanto tiempo mal puede llevar a caer enfermo.
La aprensión ansiosa es parecida. La define Barlow (2002) como: “Estado de ánimo orientado al futuro en el que el individuo se prepara para afrontar eventos negativos que se aproximan. Este estado está asociado con elevado afecto negativo, sobreexcitación crónica, una sensación de impredictibilidad y incontrolabilidad y un foco atencional hacia signos de amenaza o peligro.”
La terapia de aceptación y compromiso plantea que el trastorno de ansiedad es un trastorno de evitación experiencial. Surge cuando nos centramos en eliminar la ansiedad que sentimos, en lugar de actuar sobre aquello que nos la causa. Se basa en un silogismo falso:
Al centra la vida en controlar la ansiedad evitando sentirla dejaremos de hacer lo que realmente deseamos. En consecuencia, sufrimos por los fracasos en controlar la ansiedad, que son muchos y frecuentes, y además no por no realizar las cosas importantes que queremos.
Se ha comprobado que la mayor ansiedad se da cuando se produce la respuesta de evitación. Como la ansiedad es una respuesta para huir o luchar la respuesta fisiológica se incrementa cuando se está huyendo o luchando. No es el peligro que supone el estímulo aversivo, sino la respuesta que se da a él la que determina la intensidad de la ansiedad que se genera.
El impacto de la ansiedad en los procesos básicos que postula la terapia de aceptación y compromiso es la siguiente:
Para analizar el trastorno hay que tener en cuenta de qué se huye y qué conductas de evitación se dan. Para ello hay que hacer un análisis funcional adecuado para cada paciente. Para guiar ese análisis tenemos que considerar la topografía más frecuente de la respuesta de ansiedad y las conductas de evitación más corrientes.
En el análisis funcional que es preciso para intervenir terapéuticamente en los trastornos de ansiedad, es necesario considerar las situaciones en las que se dispara el trastorno y también las respuestas concretas y detalladas que aparecen en nuestro cuerpo. En consecuencia, es necesario considerar las respuestas fisiológicas, por ejemplo, tensión, hiperventilación, mareos, etc. Como trastorno de evitación experiencial, hay que estudiar también cómo la persona reacciona a las respuestas fisiológicas y cognitivas.
Veamos un ejemplo claro: en la agorafobia, fobia social, etc. el miedo surge cuando, en determinadas situaciones, como espacios abiertos o riesgo de evaluación y rechazo de los demás, se dan sensaciones corporales específicas que determinan el comportamiento del individuo en la situación. Por ejemplo, en la agorafobia la evitación se da cuando surge mareo o palpitaciones en espacios abiertos. Otro ejemplo, en una fobia social pueden darse las evitaciones cuando aparece rubor en una interacción social.
Por ello, hay que considerar la aproximación terapéutica de separar los dos elementos para el tratamiento: por una parte la exposición a las sensaciones corporales para que pueda aprender a aceptarlas cuando aparezcan en las situaciones peligrosas. Por otra parte, la exposición a las situaciones sin dar las respuestas de evitación.
El tratamiento de la ansiedad que ha mostrado su eficacia empíricamente es la exposición, ya sea gradual o no, en vivo o en la imaginación. Se puede ampliar la información de cómo se hace la exposición en esta página http://www.psicoterapeutas.com/pacientes/desensibilizacion.htm
Por lo anteriormente mencionado en la exposición hay dos factores: la situación que provoca la ansiedad y la propia sensación de ansiedad que puede ser determinante para que se dé la reacción conductual que va en contra de los intereses del paciente. En consecuencia, como parte del tratamiento hay que considerar la posibilidad de inducir sensaciones asociadas a la ansiedad en contexto seguro para hace la exposición, para que el paciente pueda estar entrenado para enfrentarse a la situación sin caer en una lucha inútil contra las sensaciones de ansiedad.
Los siguientes elementos son medios para inducir determinadas sensaciones que se pueden estar dando en la trastorno de ansiedad.
La fusión con el pensamiento se define como el predominio de las funciones verbales del estímulo sobre el resto de las funciones. Es decir, cuando lo que determina la reacción conductual que tenemos ante la presencia del estímulo son nuestros pensamientos sobre él y no otros aspectos como su forma, el contexto en el que aparece, etc.
Una de las características más potentes de nuestra conducta es la automatización, que se da con la repetición. Un ejemplo claro es la automatización que se produce en el aprendizaje de la conducción. Cuando pensamos la automatización ocurre como en cualquier otra conducta, en consecuencia, nuestros pensamientos se vuelven automáticos, es decir, inconscientes, y solamente sabemos que los hemos tenido por la reacción física que han provocado. Aparece entonces un silogismo que lleva a una fusión muy potente con el pensamiento:
Cuando pensamos en una situación que tememos, imaginamos la ansiedad que nos va a provocar. Si nuestra conducta en el momento en que lo pensamos, está de acuerdo con la ansiedad terrible que pensamos que nos va a provocar y no con la que realmente estamos sufriendo en el presente, se ha producido la fusión con el pensamiento más típica en los trastornos de ansiedad.
El proceso más potente de defusion consiste en sentir la sensación, pensar que puede ser real y no seguir el impulso que nos elicita.
Para no seguirlo, hay que identificar las reacciones automáticas que implica el impulso, ser conscientes de ellas pasivamente. Otras veces es más fácil y basta la orden al “inconsciente”, es decir, dejar de hacer voluntariamente.
Esto nos lleva a percibir el pensamiento como lo que es: una construcción de nuestra mente.
Otros procesos que llevan al mismo resultado consisten en ver el pensamiento desde otro punto de vista: cantándolo, diciéndolo con otra voz, etc.
El tratamiento más potente que actualmente existe para los trastornos de ansiedad es la terapia de aceptación y compromiso. Existen ya 4 ensayos clínicos aleatorizados que demuestran su validez para el tratamiento de un número amplio de problemas relacionados con la ansiedad y el estrés. Hay alguna indicación de que es mejor de la terapia cognitivo conductual clásica en algunos entornos; pero también hay datos de que puede ser mejor la terapia cognitivo conductual clásica en problemas de ansiedad menores.
Lo que es más importante para el progreso de la investigación en la terapia, hay evidencia de que los cambios se deben a los procesos primarios sobre los que actúa esta terapia.
En estas páginas puedes encontrar amplia información sobre el tratamiento de la ansiedad: http://www.psicoterapeutas.com/pacientes/desensibilizacion.htm
http://www.psicoterapeutas.com/trastornos/ansiedad/terapeutica_ansiedad.html
y en esta la información sobre el "Curso Terapéutico de Aceptación I y II" que contiene la exposición clara y la aplicación práctica de la terapia de aceptación y compromiso http://www.aceptacion.es
Actualizado 29/12/2011

