Terapia Psicológica en el Tartamudeo

Esta página contiene la introducción del libro: Terapia psicológica en el tartamudeo, Editorial Ariel del Dr. García Higuera. En ella se hace un resumen de cómo ha ido evolucionando el tratamiento del tartamudeo, desde las propuestas de Van Riper hasta las últimas técnicas propuestas por la terapia de aceptación y compromiso. Consulta también el nuevo libro del Dr. García Higuera.

Terapia psicológica en el tartamudeo
De Van Riper a la terapia de Aceptación y compromiso

El libro "Terapia psicológica en el tartamudeo. De Van Riper a la terapia de Aceptación y compromiso" se ha agotado; pero su contenido se resume y desarrolla en un nuevo libro “Deja de sufrir por la tartamudez”. En este último se incluyen, además, una serie de ejercicios para superar los límites psicológicos que impone la tartamudez. Se hace con detalle, de manera práctica y asequible para quien desee vivir una vida en la que su tartamudez deje de tener importancia. Puedes acceder a una amplia información sobre este libro pinchando aquí.

Portada del libro Terapia Psicológica en el Tartamudeo de Van Riper a la terapia de aceptación y compromiso

AGOTADO

 

Sobre el libro Terapia psicológica en el tartamudeo, en esta página se incluye la introducción.

Introducción

Aunque los estudios sobre la tartamudez van avanzando paulatinamente, todavía no se conocen las causas concretas del tartamudeo, si bien todo indica que hay que pensar en un origen multicausal. Hay indicios claros de un componente genético y seguridad de que intervienen factores fisiológicos, psicológicos y sociales. Una de las dificultades que surgen es que todos estos factores interrelacionan, por ejemplo, se sabe que el factor genético no se manifestará si no hay un ambiente psicológico y social que lo propicie y que un factor fisiológico, en un determinado ambiente social produce efectos psicológicos que a su vez contribuyen a la perpetuación del tartamudeo. Otro problema en el análisis de las causas lo establece el hecho lógico de que en cada tartamudo cada factor tenga un peso y una influencia diferentes, dando lugar, entre otras cosas, a distintas formas de aparecer el tartamudeo y a distintas maneras de manifestarse. En este trabajo se expone una teoría que intenta recoger y unificar gran parte de los conocimientos actuales.

Dentro de los aspectos psicológicos que influyen en el tartamudeo destacan la ansiedad y el aprendizaje automático, que es el que empleamos para adquirir las habilidades motoras, como andar, escribir, etc., y que está gobernado por las llamadas leyes del condicionamiento. Se sabe que la ansiedad influye de manera determinante en el habla y que cuando el tartamudo está nervioso tartamudea mucho más. De hecho muchas personas consideradas por sí mismos y por los demás como de habla normal se traban notablemente en circunstancias que le producen ansiedad alta. El problema se complica cuando el propio tartamudeo se convierte por sí mismo en fuente adicional de ansiedad, ya sea por miedo a la reacción adversa de los demás, o simplemente porque se tiene la sensación de haber perdido el control de los propios actos en una tarea fundamental como es la comunicación. Entonces se entra en un círculo vicioso en el que se tartamudea porque se está nervioso y se está nervioso porque se tartamudea.

El tartamudo intenta, entonces por todos los medios controlar su ansiedad con la idea de que tiene que sentirse bien para poder hablar bien. Estos intentos de control le llevan a emplear toda clase de trucos, por ejemplo, evitar palabras, cambiar el orden lógico en la frase, aplazar el comienzo de la pronunciación con repetición de sonidos, o utilizar muletillas para evitar el bloqueo y lograr que la palabra salga fluida, o realizar contorsiones, movimientos de brazos, cara, piernas, cerrar los ojos, etc. para salir de él cuando ya se ha producido. El resultado son una serie de conductas que convierten el habla del tartamudo en extraña y poco natural, de forma que los esfuerzos que hace en lugar de solucionar el tartamudeo, se convierten en el mayor porcentaje del problema. Estas formas tan poco naturales de lucha contra el bloqueo producen, a la larga, mayor ansiedad, logrando lo contrario de lo que pretenden, es decir, empeorando sustancialmente el habla e incrementando el sufrimiento y la ansiedad.

El sufrimiento llega a ser tan grande que el tartamudo centra su vida en la lucha contra él, evitando las circunstancias que le son penosas, de esta forma su vida se frustra porque deja de realizar muchas actividades para las que sirve, que le gustarían y le harían más feliz. Por ejemplo, puede llegar a elegir una profesión en la que la relación con el resto de las personas sea mínima, aunque sea subempleado, o puede perder oportunidades de encontrar pareja, o se aísla socialmente y lleva una vida solitaria, aunque le gustaría relacionarse y disfrutaría enormemente con ello, etc. etc. Sufre intentando evitar su tartamudeo y, además, se siente miserable porque sus evitaciones le conducen a una vida pobre y restringida, consciente, además, de que tiene capacidades para llevar una vida mejor. Pero lo cierto es que no todos los tartamudos entran en la evitación del tartamudeo y de las situaciones que lo propician. En efecto, se encuentran muchos tartamudos con vidas felices y con un gran éxito profesional y social, que han integrado perfectamente en su vida sus bloqueos.

El proceso de evitación del sufrimiento a ultranza causa más dolor, pudiendo conducir a un trastorno por evitación experiencial (Wilson y Luciano, 2002), que, además, es el núcleo de muchos de los trastornos psicológicos recogidos en los manuales de psicopatología. Por ejemplo, se puede llegar a evitar la mayoría de las situaciones sociales, llegando a desarrollar una fobia social. Pero sin necesidad de que se produzcan trastornos psicológicos adicionales, el propio tartamudeo conlleva un gran sufrimiento y puede estar asociado a evitaciones muy importantes que están presentes en su forma de hablar. En efecto, la evitación de la ansiedad impulsa al tartamudo a introducir conductas en el habla que se hacen automáticas, y que, según Van Riper, constituyen la mayor parte del tartamudeo manifiesto. El tartamudo es consciente que sus esfuerzos son inútiles, pero dejar la lucha inoperante contra el bloqueo es muy difícil, porque siempre queda la gran duda, o convicción, que le dice ”si no luchas el problema no se solucionará” o que “sin el esfuerzo tremendo que haces no podrías hablar nada”.

Dejar esa lucha y ese esfuerzo es un paso indispensable para la aceptación de las propias limitaciones, pero es muy duro y un tratamiento psicológico como el que se propone en este libro es de una gran ayuda e incluso puede ser imprescindible.

Su objetivo fundamental es aprender a aceptar el sufrimiento que produce el tartamudeo y a aprender a “evitar evitar” las situaciones y circunstancias que le han llevado a restringir su vida y sentirse auténticamente desgraciado. El tratamiento psicológico que se propone en este trabajo se basa en la terapia cognitivo conductual y en la que han venido aplicando los terapeutas del tartamudeo más famosos, fundamentalmente Charles Van Riper. Esta terapia tiene como objetivo y resultado una disminución importante de la ansiedad. De rechazo se da un aumento muy importante en la fluidez, aunque no se pretende, sino que se trata de conseguir que los bloqueos no causen reacciones emocionales fuertes.

Los últimos avances en terapia cognitivo conductual han llevado al desarrollo de la Terapia de Aceptación y Compromiso, que afirma que para resolver el trastorno por evitación experiencial, en el que en distintos grados y con matizaciones se puede integrar el tartamudeo, hay que aceptar el sufrimiento que supone la falta de control del habla y comprometerse en el desarrollo y manifestación de los valores personales. La lucha por conseguirlos nos va a permitir alcanzar nuestras aspiraciones y ser más felices. Cuando luchamos por nuestras aspiraciones, objetivos y metas, implícitos en nuestros valores, aparecerá sin ninguna duda el esfuerzo y el sufrimiento, pero merecerán la pena, porque sin ellos no se andará el camino necesario y en la propia lucha encontramos el disfrute que nos hace felices.

Esta filosofía, que parece referirse solamente a las grandes metas de la vida, también se aplica en pequeña escala al habla. Cuando hablamos el objetivo primario que todos queremos alcanzar es transmitir un mensaje y que su contenido y significado lleguen al interlocutor. Si ocurre así, la forma que se ha utilizado y el esfuerzo que se ha hecho son secundarios, y obtenemos la recompensa y el disfrute consiste en haber conseguido que nos entiendan. Sin embargo el tartamudo, muchas veces, ante las dificultades que tiene, abandona la comunicación o sacrifica el significado del mensaje al querer dar la apariencia de fluidez. Por eso suele dar más importancia a la forma que al contenido mensaje y emplea todos los trucos a su alcance para poder ser fluido, o al menos parecerlo, sacrificando, incluso, su inteligibilidad. En este nivel, el planteamiento básico de la Terapia de Aceptación y Compromiso es que hay que aceptar el sufrimiento que suponen las dificultades para hablar y comprometerse con el contenido del mensaje y no con la forma. Esto supone la aceptación de la ansiedad, y se demuestra que si se acepta y se deja la lucha contra ella, se hace tolerable e, incluso, llega a desaparecer en la mayoría de las situaciones. Las razones teóricas de este fenómeno se desarrollan a lo largo del libro, pero la Terapia de Aceptación y Compromiso es experiencial, es decir, no trata de convencer al paciente por la vía de razonamientos o dando argumentos a favor de sus afirmaciones, sino que pide que lo experimente él mismo, porque es la única forma de aprender.

No es cierto que el tartamudo tenga que aprender a hablar fluidamente, y que ese tenga que ser este el objetivo de la terapia, porque prácticamente todos los tartamudos son capaces de pronunciar perfectamente todas las palabras en determinadas circunstancias, por ejemplo, cuando están solos. Van Riper plantea que el tartamudo necesita desaprender las conductas que está utilizando para hablar, porque no dan resultado y al dejar de hacerlas conseguirá un tartamudeo más fluido, saliendo más airoso de los bloqueos. Necesita aprender a tartamudear y para hacerlo es preciso que pierda el miedo al descontrol de su habla. La coincidencia en la filosofía de la terapia de Van Riper y la de aceptación y compromiso es completa, por eso en este libro se expone como se complementan y como se pueden incorporar los últimos avances de la terapia psicológica cognitivo conductual a las terapia de Van Riper para obtener una eficacia mayor en el tratamiento psicológico del tartamudeo.

El primer paso de la terapia es darse cuenta de que sus esfuerzos por no tartamudear no conducen a ningún sitio y que los esfuerzos, muchas veces inhumanos, que se hacen para hablar, son, realmente, la causa de gran parte del sufrimiento. Se entra así en la primera fase de la Terapia de Aceptación y Compromiso que es la de desesperanza creativa, en la que se toma conciencia de que es necesario cambiar la estrategia global que se ha estado aplicando en el intento de buscar la solución.

Dejar de hacer, “evitar evitar”, desaprender lo ya automatizado es la clave. Pero “dejar de hacer”, aunque sean cosas que sabemos que no dan resultado, es una decisión arriesgada y muy dura de tomar, más aún en solitario. Porque el tartamudo no sabe que tiene que dejar de hacer, ya que se trata de conductas automatizadas, inconscientes, como un esfuerzo con el estómago, un empuje con la lengua, una sacudida con la cabeza, etc. Por eso la fase de desesperanza creativa se combina perfectamente con la de identificación que propone Van Riper en su terapia del tartamudeo.

Enfrentar el terror de no hacer nada especial cuando se prevé el bloqueo, arriesgarse a dejar de evitar, a no hacer esfuerzos especiales para hablar y a asumir el riesgo de bloquearse, es una fase crucial de la terapia para llegar a hacerlo con un grado aceptable de malestar se propone la fase de desensibilización de la terapia de Van Riper, la desensibilización, que enseña como afrontando el riesgo se produce la extinción de la ansiedad.

Una parte muy importante de la propuesta de tratamiento, que se expone aquí, consiste en la desensibilización a los bloqueos y a las situaciones que los favorecen. Se trata de irse arriesgando y exponiendo a ellos en sí mismos y también en distintas situaciones temidas. Cuando se hace así y se deja de evitar se está permitiendo que entre en funcionamiento la ley de la habituación, que afirma que las respuestas de ansiedad y miedo, si se aceptan, es decir, se deja de luchar contra ellas, se extinguen. Es decir, si se deja de evitar, las reacciones de miedo y ansiedad, que componen el sufrimiento asociado al tartamudeo, desaparecen con el tiempo en función de esta ley. Finalmente, el tartamudo se acostumbrará al sufrimiento, dejará de sentirlo y se dará cuenta de que ha integrado en su vida los bloqueos que aparezcan.

Pero la habituación no es un objetivo alcanzable por entenderlo o comprenderlo o por luchar por conseguirlo, es una ley que se aplica independientemente de nuestra voluntad, es una consecuencia natural de insistir en dejar de evitar y en aceptar el tartamudeo. La habituación no se puede provocar o buscar, ocurre sin que nos demos cuenta, es una ley natural que se aplica independientemente de nuestra voluntad.

La forma más eficaz de realizar el proceso de desensibilización es exponerse a las sensaciones y situaciones temidas, por eso el proceso se llama también “exposición”. La Terapia de Aceptación y Compromiso establece el marco idóneo para realizar la fase de desensibilización que propone Van Riper. En este trabajo se explican de forma detallada las técnicas de exposición que se han mostrado más eficaces en la reducción del miedo al tartamudeo basándose en la terapia cognitivo conductual que ha demostrado empíricamente su eficacia.

Una vez que se ha perdido el miedo a bloquearse es cuando se puede esperar con tranquilidad a que la sensación de fluidez aparezca; lo que ocurre con mayor celeridad cuando se ha abandonado la lucha por conseguirla. Se comienza entonces la fase de modificación en la que se pueden introducir elementos de cambio en la manera de pronuncia que potencian la aceptación. No se trata de emplear trucos, como alargar las sílabas, o desbloquear, como a veces se ha interpretado la terapia de Van Riper; en esta fase se trata de ir enfrentándose al miedo de otra forma, atreviéndose a hacer modificaciones en el habla y en situaciones reales.

Finalmente, cuando se ha conseguido un nivel de fluidez, se pasa a la fase de estabilización, en la que el grupo terapéutico y las relaciones sociales son fundamentales.

El contenido de este libro será sin duda de interés para los tartamudos, sobre todo para reflexionar sobre su problema, pero hay que tener en cuenta que no se trata propiamente de un trabajo de autoayuda. No es sencillo, para nadie, enfrentarse él solo a sus propios miedos; más aún en el caso del tartamudeo, en el que el miedo se haya fuertemente asociado con conductas tan automatizadas e importantes como las del habla, y en las que es muy complicado distinguir entre lo que corresponde al propio bloqueo y lo que es una conducta de evitación. Otro inconveniente añadido, para aquellos que quieran aplicar por sí mismos esta terapia psicológica, es la complejidad de las técnicas, que, detrás de una aparente simplicidad, llevan implícita una teoría científica difícil y complicada de comprender y es preciso tener un conocimiento profundo de psicología clínica cognitivo conductual y una gran confianza en su funcionamiento para poder aplicarlas con toda su eficacia.

Este trabajo será también de mucha utilidad para aquellos psicólogos que estén trabajando con tartamudos, para comprender un problema mucho más complejo de lo que, en general, reflejan los manuales de tratamiento al uso. Por eso se ha intentado dar el suficiente detalle de las técnicas para que un psicólogo cognitivo conductual que lo lea pueda emplearlas con profundidad.

2003