Emociones en la mujer que ahora es madre
Lucía
Arranz Rico
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Son muchos los cambios que se producen durante el embarazo, el parto y el
posparto como para pasar por ellos indemne de toda emoción.
La etiqueta “depresión posparto” circula con soltura entre
las bocas del pueblo. Sin embargo no en todas las mujeres es aplicable, y lo
que ocurre en muchas de ellas es lo que suele ocurrir ante una situación
nueva de semejante envergadura. Tener un hijo puede ser una alegría,
pero produce en la mujer un cierto grado de estrés, al que hay que enfrentarse
y afrontar con los recursos de que dispone cada cual.
Se produce una situación de estrés por varias razones:
- La mujer durante 9 meses vivió un estado que, con el parto, cambia
del día a la noche. Su cuerpo ha pasado de tener una tripa enorme a
no tenerla. La tripa enorme tenía un significado evidente, dentro se
estaba formando un niño. Los 9 meses para muchas mujeres son la dulce
espera, e incluso aquéllas que no lo sienten así se encuentran
igualmente con la ilusión que generan en las restantes mujeres (familiares
y desconocidas que se encuentran en la calle se emocionan ante tanta tripa).
Cuando se tiene el bebé desaparece no sólo la tripa, sino todo
el refuerzo que acompañaba a ésta, todo el interés que
despertaba en los demás. Por otro lado la tripa que le queda a la mujer
después del parto es una tripa fofilla, que no era la suya y que ya
carece de significado. Es más, las mujeres también ahora miran
esta nueva tripa, pero esta vez para recordar a la mujer (que ya se encuentra
en el estado de posparto) lo gorda que se ha quedado. Hablamos entonces del
físico, de la estética, algo que siempre ha importado mucho
a las mujeres.
- Durante esos 9 meses ha llevado consigo a su hijo, algo que también
cambia del día a la noche. Ya no es ella la que lo cuida en exclusiva,
sino muchas otras personas, que puede que lo hagan de manera diferente a como
ella lo haría. La madre, sometida a múltiples consejos que no
pide y saturada además por la información recibida en cursos
y libros que ha leído durante su embarazo, puede que cuando llegue el
momento de actuar no sepa ni qué hacer por miedo a equivocarse. Además
da igual lo que haga, siempre habrá alguien a su lado que opine algo,
y la mujer puede que se sienta cuestionada como madre. La responsabilidad es
muy grande, estamos ante una tarea difícil y comprometida en la que,
además, hay mil opiniones sobre cómo se hacen las cosas.
- La ausencia de conductas de apego (no llora ante la ausencia de la madre,
no pide estar en brazos de su mamá, etc.) que al principio presenta
el bebé recién nacido le recuerda a la madre que ella como tal
es prescindible y que cualquier otra persona podría ocupar su lugar,
a pesar de ser ella la que concibió a su hijo. El parto entonces, que
tanto esfuerzo físico ha costado a la madre, también pierde valor,
apareciendo tal vez sentimientos de vacío como muchas mujeres expresan
con esas mismas palabras (“me siento vacía”).
- Por otro lado, en algunas ocasiones puede que el posparto de la madre tenga
sus complicaciones y ello conlleve que ésta no se pueda hacer cargo
de su hijo desde el principio, lo que añade más dificultades
emocionales (sentimientos de culpa, de impotencia, etc.).
- Ahora se enfrenta con el hecho de ser madre y no sólo mujer. Su pareja
se encuentra a su lado, pero ella en estos momentos se siente primero madre,
y la pareja, al menos al principio de una forma más acusada, pasa
a situarse en un segundo plano.
- En relación con el punto anterior, la mujer empieza a valorar a su
pareja no como hombre, sino como padre, y también aquí aparecen
nuevas emociones que hay que aceptar. La pareja (el hombre en este caso) presenta
comportamientos nuevos, que nunca había tenido antes, lógicamente
claro, ya que no había tenido la oportunidad al no haber mocosillo alguno
en casa. Estos comportamientos, cuanto menos, son nuevos, y la mujer se cuestiona
si son los mejores o más adecuados. En definitiva, se pregunta si ha
elegido la persona correcta como padre de su hijo. La madre puede que evalúe
de una forma continua a su pareja para ver si cumple con su papel de padre,
exigiéndole inconscientemente ciertas conductas que como hemos dicho
son desconocidas para el hombre, que también está aprendiendo
a ser padre y también necesita tiempo. Todo esto generará tensiones
en la pareja.
- No se puede pasar por alto el desgaste físico y mental que ha soportado
la mujer, tanto en el embarazo como en el parto, y este último, sea
como fuere, no deja de ser algo traumático. Esto derivará en
un posparto donde la mujer se siente cansada y sin embargo tiene sobre ella
una gran exigencia, que es cuidar a su hijo. Para ello se pasa las 24 horas
observándolo. Además, hay muchas exigencias sociales sobre ella,
especialmente recibir visitas, que llegan a resultar agotadoras hasta para
la mujer más paciente, añadiendo el hecho de que entre medias
tiene que dar el pecho, en ocasiones en situaciones que ella no ha elegido.
- La pareja, desde que tiene un hijo, pierde la intimidad que tenía hasta
ese momento. Su hogar, que podía ser su cobijo, se convierte en un hogar
familiar, donde pueden entrar padres, suegros, cuñados, hermanos y tíos
cuando quieran, porque al fin y al cabo pasan a ver a sus nietos, sobrinos,
etc., y esto justifica cualquier cosa. Esta invasión atenta contra la
estabilidad de la pareja que, en estos primeros momentos, necesita su tiempo
para adaptarse a su nueva situación.
- A partir del momento de la concepción del hijo aparece la idea de la
finitud del ser humano. La mujer se plantea cuestiones existenciales que quizás
hasta ese momento apenas le habían preocupado. Dar vida conlleva un
cambio generacional. Un hijo aparece para recordarte que un día tú no
estarás para verle siempre. Enfrentarnos con la idea de nuestra propia
muerte nos asusta y angustia, pero muy especialmente cuando sabemos que dejamos
alguien aquí que nos importa mucho.
Este es un artículo donde especialmente se habla de la mujer. El hombre
también se las tiene que ver con sus emociones (por ejemplo: el sentirse
desplazado, no sólo por su pareja, sino en la relación con su
hijo, donde tiene que retirarse cuando la madre da el pecho al niño;
el enfrentarse también con sus propios dilemas existenciales; la responsabilidad
que siente como cabeza de familia, ya que a pesar de que los dos trabajen,
el hombre sigue sintiendo en muchos casos que es a él al que corresponde
proteger a la familia), y también sería para analizar en otro
artículo. Sin embargo, a pesar de ello, no hay que olvidar que, aunque
el hombre se enfrenta también con nuevas emociones que le desconciertan,
no se encuentra tan cansado ni físicamente ni psicológicamente.
Esto hace que tenga una ventaja sobre la mujer para poder adaptarse con menos
ansiedad a la nueva situación. Él no ha pasado por 9 meses de
pensar en exclusiva en la gestación de un hijo, no ha pasado por el
trauma del parto y no ha tenido ningún posparto. Por esto, al hombre
se le debe pedir mucha paciencia hacia la mujer, ni más ni menos que
la que ella se merece después de tanto esfuerzo por traer un hijo
de los dos.
La mujer debe también concederse tiempo a sí misma, no alarmarse
por su estado de ánimo, no asustarse por la aparición de llanto
o pensamientos negativos hacia su pareja, hacia su hijo, hacia su madre, etc.
Debe considerar que todo entra dentro de la normalidad y se pasará en
los primeros meses.
Durante casi un año han ocurrido muchas cosas, no es posible, por tanto,
adaptarse a la nueva situación en un mes. La adaptación es paulatina,
se tiene la vida por delante para ello. Así que lo mejor es aceptar
lo que ocurra y vivir cada día con máxima intensidad, ya que
el cambio que dará nuestro hijo del primer mes al segundo y sucesivos
es irrepetible. Además, la mujer descubrirá que se irá adaptando
y cambiando ante su nueva situación tan rápido como cambia su
bebé.
Es importantísimo que la mujer se escuche a sí misma y trate
de actuar en consecuencia. Utilizar el sentido común es lo mejor para
ser madre, porque es la única manera de ser consecuente con uno mismo
y a su vez la única para transmitir al hijo seguridad en nuestras acciones. ¿Equivocaciones?
Todas, pero las nuestras, y como son nuestras tendremos que asumirlas y rectificar
si así fuera necesario.
Un hijo es para toda la vida y por eso la mujer debe encontrar sus propios
criterios a la hora de actuar, porque a lo largo del tiempo se encontrará con
su hijo a solas y tendrá que tomar decisiones, no podrá llamar
a la persona que le dio no sé qué consejo. No hay una única
verdad sobre las cosas, por eso cada uno debe buscar la suya.
Con este boceto de artículo me gustaría ayudar a alguna madre
perdida que ande por ahí creyendo que tiene depresión posparto
y agarrándose a este término para explicarse lo mal que se siente
sin tratar de analizar mejor todo lo que le ocurre. Merece la pena saber qué nos
pasa, por qué nos pasa y para qué nos pasa.
Para terminar quiero transmitir positividad frente a lo que ocurre, ya que
muy bien sabemos todos que cuando se supera una crisis se sale más fortalecido
y maduro que cuando empezó dicha crisis. Esto se aplica de forma individual
a la mujer como mujer y como madre, y también a la pareja, puesto que,
aunque inicialmente se tambalea en algunos aspectos por el nuevo miembro de
la familia que ha descolocado la armonía que había en la casa,
posteriormente, el hecho de compartir un hijo, que es un proyecto deseado en
común, se vive con mucha alegría e ilusión. La entrega
diaria a este hijo se vive continuamente de forma conjunta, compartiendo muchos
momentos, lo que favorece de una forma constante la generosidad de la pareja,
el dar al otro. Todo esto es muy enriquecedor para la pareja.
Actualizado 5/2/2007
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