La paternidad

Fruto de una entrevista que se realizó al Dr. García Higuera, se presenta en esta página el efecto que tiene la llegada de un hijo en el padre, en la relación de pareja, y que supone la paternidad en los varones, se dan también consejos a los padres varones para vivir con plenitud la paternidad.

Ser padre

Entrevista al

¿Cómo afecta a los padres (los varones) la paternidad?

La paternidad es un cambio importante en la vida de una persona: se adopta el rol social de padre que conlleva una serie de responsabilidades, que alcanzan el nivel de obligaciones legales. Se adquiere el deber de cuidar y educar a los hijos.

La madre tiene la experiencia de haberlo hecho, aunque sea de forma automática, durante los nueve meses del embarazo. Durante ese tiempo, el padre ha sido un espectador, quizás muy entusiasmado, pero espectador al fin y al cabo. De repente, se encuentra con una persona desvalida con la que ha adquirido una serie de compromisos. Aparecen así una serie de presiones psicológicas de importancia. Por ejemplo, no se tiene tanta libertad para poder dejar un trabajo, porque nuestro hijo depende de nosotros. Si alguna vez hemos pensado que pasaríamos hambre antes de aguantar determinadas cosas, ahora hay que plantearse que quien pasaría hambre es nuestro hijo.

Los cambios en la relación de pareja inciden de manera fundamental en los dos miembros.

¿Cómo afecta la paternidad a la relación de pareja?

Indudablemente, dependerá de cómo esté planteada la relación de pareja. En la pareja clásica el hombre tomaba la responsabilidad de suministrar los medios de subsistencia, y la mujer el cuidado de la casa y de los hijos. En la pareja actual se comparten esas tareas.

De todas formas, los cambios en la pareja son drásticos. El recién nacido es un ser absorbente: necesita todo el tiempo del mundo. Cada pocas horas hay que darle de comer, esperar a que eche el aire, limpiarle, etc. Cuando se acaba, queda muy poco tiempo para tener que empezar de nuevo. A menudo, el sueño nocturno se  tiene que interrumpir o para darle de comer o para atender su llanto. El niño necesita toda la atención.

La atención que antes se dedicaba mutuamente la pareja ahora se dedica al niño. Las diversiones, viajes, relaciones, etc. se hacen mucho más difíciles de mantener.

¿Los cambios que se producen en el estilo de vida pueden provocar desequilibrios psicológicos en los progenitores (tanto en la madre como en el padre)?

Indudablemente, a cada uno le afecta el cambio de una manera diferente. Los cambios de por sí no son causa de problemas psicológicos. Pero el estrés que implica las nuevas responsabilidades adquiridas puede hacer que aparezcan problemas ya latentes o que se creían superados, como depresiones, ansiedad, etc.

La llegada a casa de un hijo afecta también a los padres (hombres), sin embargo se suele prestar más atención a la madre y al bebé. ¿puede provocar algún problema psicológico en los hombres, que se sientan desatendidos, por ejemplo?

No es la falta de atención de los extraños lo que afecta al hombre, sino que la atención de la madre está totalmente centrada en el hijo. Si el padre lo vive como un abandono de su pareja, pueden surgir esos problemas.

¿Qué tipos de relaciones se establecen entre el padre y los hijos?

La relación paterno-filial, al principio, es de dependencia total y de total sumisión de los hijos a los padres. Luego va evolucionando hasta que, al final de la vida, la dependencia se invierte, si el hijo se hace cargo del padre anciano. Se pasan por etapas muy variadas: la lucha que los adolescentes llevan por su independencia, otras más bonitas, como cuando se comparten la lucha que el hijo lleva para abrirse paso en la vida, etc. Nunca están exentas de preocupaciones y ansiedades.

Puede que la recién estrenada paternidad provoque fricciones incluso en la familia política ya que la suegra suele irse unos días a vivir con su hija para ayudarla. ¿Qué recomendaciones se les puede dar a la pareja para superar esta etapa?

No es solamente el cuidado de la hija durante unos días, la función de las abuelas para el cuidado de nuestros hijos en nuestra sociedad actual puede ser muy importante. Asignarle y definir su rol de forma clara es un buen medio para intentar minimizar el impacto de su ayuda en la relación de pareja. Es una labor difícil que se ha de hacer de forma coordinada entre los dos. Por supuesto, también dependerá de la sensatez de la abuela que las cosas se hagan sin afectar la vida de los padres del niño.

Discutir abiertamente con ella las discrepancias que surjan en la educación del niño o en la forma de llevar la casa y plantearle asertivamente lo que se desea es una forma de minimizar los riesgos de dañar la relación de pareja o la relación con la familia de origen.

Actualmente hay muchas parejas en las que el hombre es bastante más mayor que la mujer, eso provoca que estos hombres tengan hijos pasada incluso la cincuentena, cuando ya se tiene edad casi para ser abuelo ¿qué diferencias hay entre esa paternidad “tardía” y la, llamémosle, “adecuada a la edad”?

Los niños tienen una vitalidad física maravillosa e impresionante. Cuando se llega a los cincuenta, el cuerpo no nos responde como a los veinte y podemos atender con más dificultad a las exigencias físicas del niño. Pero eso no es una limitación ni ningún problema para su desarrollo y educación. Si se tiene un hijo a esa edad, se tiene por obligación que tener un espíritu joven.

Podría hacer una especie de decálogo con unas recomendaciones prácticas para que los padres (hombres) vivan la paternidad.

No sé si un decálogo, pero sí algunos consejos.

Tener un hijo cambia nuestra vida y tenemos que renunciar a muchas cosas (diversiones, amigos, libertad, etc.). Por eso, hay que tenerlos pensándolo mucho y cuando la paternidad es un valor importante en la vida, es decir, cuando suponga que todos los sacrificios y renuncias que hay que hacer se compensan con el disfrute de ver como el niño se desarrolla y es feliz.

Es importante cuidar más que nunca la relación con la pareja. Cuando se tiene un hijo, se tiene una relación para toda la vida, porque seguir la vida de nuestros hijos supone hablar de forma bastante habitual con el otro, aunque no le queramos y nos divorciemos.

La relación de pareja cambia de forma drástica: el niño es el foco total de atención. Se crea un proyecto común que puede unir a la pareja de forma muy importante. Sinn embargo, no hay que olvidar la relación de pareja y hay que mantener la comunicación, para ello se aconseja que se creen espacios para poder mantener la intimidad. En cuanto el crecimiento del niño lo permita, es conveniente dedicar tiempo a estar juntos y solos. Para ello, puede ser interesante salir de casa y dedicarse mutuamente un mínimo de tiempo.

Las nuevas obligaciones que han surgido en la pareja influyen de forma determinante en la distribución de tareas existente. Por eso, es hora de replantearlas y llegar a acuerdos tácitos o explícitos sobre las responsabilidades de cada cual.

Aunque la llegada del hijo nos haya supuesto una gran alegría, hay que tener en cuenta que implica una responsabilidad y una tareas adicionales que provocan un estrés que nos puede hacer sentirnos tristes, ansiosos, muy cansados, etc. Se trata de no pensar que deberíamos estar alegres, o si será que no queremos a nuestro hijo, etc. Tener un hijo es un suceso alegre y, a la vez, estresante.

Es verdad que las responsabilidades y sacrificios que conlleva la paternidad nos pueden abrumar y hacernos pensar que en realidad no nos interesa ser padres. Cada cual lo tiene que evaluar, pero en general responde a una visión de la felicidad muy televisiva. La psicología actual demuestra que se puede ser mucho más feliz de otras formas. En concreto, cuando nos comprometemos con lo que deseamos hacer y dando un sentido a nuestra vida. Recordar que la paternidad es un compromiso y dota de sentido a nuestra existencia.

19/3/2008